El impacto ambiental de la
minería puede ser altamente adverso si es que no se aplica la tecnología
apropiada para prevenir la contaminación y se carece de un marco regulador que
funcione correctamente.
Las aguas subterráneas y
superficiales pueden ser permanente o temporalmente contaminadas por el mal uso
de reactivos químicos en el proceso de extracción de los minerales o por
derrames producto de la falta de control en una inadecuada disposición de
residuos, lo que ocasiona riesgos para la comunidad local, la vida silvestre y
otros recursos biológicos. Ciertos contaminantes, como drenajes ácidos o
agentes tóxicos introducidos antrópicamente, pueden tener impactos negativos
sobre el ambiente que resultan particularmente devastadores y de largo plazo,
como ha ocurrido con el uso del mercurio en la minería aurífera en ecosistemas
sensibles como la cuenca amazónica. Las prácticas mineras, tanto a tajo abierto
como subterráneas, pueden destruir suelos y vegetación, ocasionando erosión,
pérdida del hábitat y otras consecuencias ambientales negativas. Igualmente,
las fundiciones pueden arrojar emisiones contaminantes que resulten
especialmente dañinas.
La prevención de la contaminación
debe ser un principio de gestión estratégica para la industria minera. Su
adopción ofrece la oportunidad de evitar o minimizar impactos ambientales
significativos ocasionados por la minería metálica, a la vez que promueve la
eficiencia económica en el diseño y la operación del proyecto. Asimismo,
intensifica la recuperación de minerales al tiempo que ayuda a minimizar
efectos en el ambiente circundante y previene la aparición de riesgos de largo
plazo.
La Planificación sirve como
herramienta para incrementar la eficacia de la prevención de la contaminación.
A menudo, la preparación de planes es parte integrante de la evaluación de
impacto ambiental. Sin embargo, más allá del hecho que ambos instrumentos estén
integrados, la preparación de planes de exploración (ahí donde habrá efectos
significativos sobre suelos o aguas), planes mineros, de cierre y de
contigencia, contribuye a asegurar que las operaciones no generen
contaminación, aun si las condiciones cambian.
Muchos regímenes legales exigen
planes diversos y son diversas las oportunidades indicadas para su preparación
y presentación. Si bien no es indispensable seguir un patrón similar, la
planificación para cada etapa de la labor minera es de todo modo importante si
se quiere diseñar y aplicar apropiadamente las técnicas de prevención en la
mina. Si se toma en consideración que los requisitos para el desarrollo de los
planes de gestión son comunes a muchos países de la región, puede proponerse
que éstos enfaticen la prevención como meta.
Los planes de cierre pueden ser
una herramienta fundamental para prevenir y minimizar impactos negativos en el
ambiente en el largo plazo, tales como el drenaje ácido o problemas originados
por las presas de relaves. Es importante en el diseño de una operación la factibilidad
de que su cierre sea seguro. Si el plan de cierre se deja para la mitad o el
final de la etapa de explotación, puede entonces ser demasiado tarde para una
aproximación preventiva.
Más aún, dada la volatilidad de
los mercados de metales, aspectos como el cuidado, muchas veces perpetuo, de
las consecuencias ambientales de la explotación en el sitio minero y una
disposición segura no deben dejarse para cuando los ingresos pueden
eventualmente ser insuficientes para atenderlos de manera correcta.
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¿Cómo erradicar la contaminación minera?
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El impacto ambiental de la minería puede ser altamente adverso si es que no se aplica la tecnología apropiada para prevenir la contaminación y se carece de un marco regulador que funcione correctamente.