La relación de las empresas mineras con el entorno que las rodea es un punto primordial para llegar a tener operaciones “socialmente aceptables”. Todos los que trabajan en la actividad minera saben que mientras más aceptación social tenga sus proyectos, las posibilidades de permanencia en el mediano y largo plazo serán mucho mayores. En este contexto la responsabilidad social de las empresas juega un rol preponderante, y va de la mano con el manejo adecuado de una ecuación clave: minería-entorno social-cuidado del ambiente.
Por tanto, el concepto de responsabilidad social y minería significa tener con las comunidades una relación horizontal, con responsabilidades y retos compartidos. Se debe involucrar a las empresas y a la comunidad en alianzas estratégicas con una visión de desarrollo sostenido. Debemos pensar este vínculo como algo que debe generar valor más allá de la vida misma de la operación minera.
Debemos considerar que en la mayoría de los casos la minería desarrolla sus actividades sobre los 3,500 msnm, en lugares alejados y con muchas carencias. Por esta razón, la puesta en marcha de operaciones mineras genera una serie de servicios y obras de infraestructura en su entorno que benefician a los pobladores de las comunidades aledañas, las mismas que en otras circunstancias tardarían años en ser atendidas.
Sin embargo, es necesario que la comunidad participe de los procesos, esté informada y conozca los programas de la empresa minera para proteger el medio ambiente y su entorno social. Es decir, debe practicarse una política de transparencia y apertura que involucre a las autoridades, líderes de opinión, instituciones representativas y población en general.
Ese, pues, es el reto de la nueva minería en sus objetivos de responsabilidad social. Demostrar en los hechos que la ecuación minería-entorno y social-cuidado del medio ambiente es posible, y que debe ser el engranaje para traer desarrollo a las zonas donde se realizan operaciones mineras.
Son los retos socioeconómicos que deben enfrentar las empresas del sector minero; por la adquisición de tierras, del pago por derechos de agua, presencia y régimen para subcontratistas, por programas de vivienda, contaminación, compensación, compras locales, estrategia de inversión social y educación, etc.
Afortunadamente, en el Perú varias empresas que han asumido la responsabilidad social empresarial como conducta corporativa están enfrentando adecuadamente el reto. Es así como se transforma en una estrategia moderna de hacer negocio.
En la disputa por los recursos naturales, la defensa de la biodiversidad naturalmente debe estar en primer plano, sin embargo, lo que interesa prioritariamente es el derecho a las tierras, al agua como sustento de su actividad agraria y ganadera, aunque incipientes, pero hacen parte de su economía familiar. Por lo tanto, los conflictos no están centrados en la defensa de la ecología propiamente.
La competencia por el uso de estos recursos por las empresas mineras y las comunidades determina la persistencia de los conflictos, aunque la empresa minera realiza esfuerzos para compensar económicamente, suplir por otro recurso o abastecerse del líquido natural mediante el uso de nuevas tecnologías.
La disputa de los recursos naturales del subsuelo carece de sustento porque ellos pertenecen al estado hasta antes de su adjudicación a la persona natural o jurídica que lo solicita.
La intervención del Estado
El Estado peruano ha creado algunos mecanismos legales para redistribuir parte de los ingresos (impuestos) que provienen de la minería a las regiones afectadas, como el canon minero y las regalías. Sin embargo, ninguno ha logrado cumplir del todo con las expectativas de la población, en buena medida, debido a las deficiencias en su aplicación.
En tal sentido, el canon minero es la vía constitucional para redistribuir los recursos generados por la actividad minera y éste se debe realizar acertada y oportunamente para que una parte significativa de los beneficios generados por la minería, llegue a los gobiernos locales y regionales.
El desarrollo sostenible es una visión común del futuro. Hoy en el Perú, la minería está apoyando a las comunidades especialmente en sus proyectos de desarrollo con miras a lograr la paz social y la tranquilidad laboral y está desarrollando estrategias, especialmente proyectos para que se desarrollen como personas y como grupo humano.
Al formular una estrategia para el desarrollo sostenible, los miembros de la comunidad tienen que creer que ellos mismos pueden resolver sus problemas y crear su propio futuro sin necesidad de permanecer con la mano estirada.
Las actividades para el desarrollo sostenible vinculan problemáticas de nivel local y nacional. Cada comunidad tiene que formular su propia estrategia para el desarrollo sostenible. Sin embargo, los siguientes pasos pueden ayudar a la comunidad en el desarrollo y la implementación de una visión común del futuro:
Crear consenso entre sus representados
Evaluar sus recursos naturales
Consensuar y desarrollar una visión común.
Identificar indicadores de riesgo y progreso.
Identificar posibles fuentes de apoyo.
Implementación, evaluación y seguimiento de sus actividades.
La actividad minera en el Perú tiene que ser parte de un proyecto generoso, que cobije las peculiaridades de la comunidad y del país y que brinde la oportunidad voluntaria para cambiar al contexto actual.



